Discapacidades del desarrollo

Las discapacidades del desarrollo son una serie de trastornos que afectan el funcionamiento normal de las personas. Se caracterizan por un retraso en el desarrollo, es decir, en el aprendizaje y en el crecimiento físico.

Las discapacidades del desarrollo pueden afectar a cualquier aspecto de la vida de una persona: su capacidad para hablar, para moverse, para comunicarse, para aprender, etc.

Las discapacidades del desarrollo son bastante comunes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas tiene alguna discapacidad del desarrollo.

Las discapacidades del desarrollo pueden ser heredadas o adquiridas. Las discapacidades heredadas son aquellas que se transmiten de los padres a los hijos. Las discapacidades adquiridas son las que se adquieren a lo largo de la vida, por ejemplo, a causa de un accidente o de una enfermedad.

Las discapacidades del desarrollo pueden ser leves, moderadas o graves. Las discapacidades leves son aquellas en las que el niño tiene algunos problemas, pero es capaz de llevar una vida normal. Las discapacidades moderadas son aquellas en las que el niño tiene más problemas, pero todavía es capaz de llevar una vida semi-normal. Las discapacidades graves son aquellas en las que el niño tiene muchos problemas y necesita ayuda para llevar una vida normal.

Las discapacidades del desarrollo se pueden clasificar en dos grandes grupos: las discapacidades intelectuales y las discapacidades del movimiento.

Las discapacidades intelectuales son aquellas en las que la persona tiene un retraso en el funcionamiento de su cerebro. Esto se manifiesta en una capacidad reducida para aprender y para razonar.

Las discapacidades del movimiento son aquellas en las que la persona tiene un retraso en el funcionamiento de su cuerpo. Esto se manifiesta en una capacidad red

Recomendaciones y tratamientos

Las personas con discapacidades del desarrollo requieren de un tratamiento especializado que les permita mejorar su calidad de vida. Este tratamiento debe estar adaptado a las necesidades individuales de cada persona y debe incluir:

1. Una evaluación multidisciplinar para conocer las características de la discapacidad y establecer un plan de tratamiento.

2. Una intervención temprana y personalizada que estimule el desarrollo y la independencia de la persona.

3. Una educación adaptada a las necesidades específicas de las personas con discapacidades del desarrollo.

4. Una atención continuada que garantice el seguimiento del plan de tratamiento.

5. Una intervención familiar y social que apoye el desarrollo de la persona

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